Ingredientes:

  • 300 g de bizcochos de soletilla (aprox. 30 unidades)
  • 500 g de queso mascarpone frío
  • 400 ml de nata para montar (mínimo 35% materia grasa)
  • 120 g de azúcar glass
  • 300 ml de café espresso fuerte a temperatura ambiente
  • 30 ml de licor Amaretto o ron añejo
  • 1 cucharadita de extracto de vainilla puro
  • 30 g de cacao puro en polvo para espolvorear

Instrucciones:

  1. Mezcla los 300 ml de café espresso con el licor Amaretto en un plato hondo. Huele profundamente: esa fragancia tostada y almendrada es la base de todo. Reserva a temperatura ambiente.
  2. En un bol grande, bate el mascarpone frío con el azúcar glass y la vainilla solo hasta que esté suave. En otro bol, monta la nata bien fría hasta que forme picos firmes. Textura de nube: incorpora la nata al mascarpone con la espátula, haciendo movimientos circulares de abajo hacia arriba. No batas más de la cuenta o se convertirá en mantequilla.
  3. Sumerge cada bizcocho de soletilla en el café durante apenas 1 segundo por cada lado. Colócalos en la base de la fuente, uno al lado del otro, sin dejar huecos. Saturación perfecta: el bizcocho debe estar húmedo por fuera pero aún algo rígido en el centro.
  4. Extiende la mitad de la crema de mascarpone sobre los bizcochos. Alisa con la espátula hasta que la superficie esté uniforme. Repite la operación: otra capa de bizcochos bañados y termina con el resto de la crema.
  5. Cubre la fuente con film transparente, asegurándote de que no toque la crema. Lleva a la nevera por un mínimo de 4 horas, aunque lo ideal es dejarlo toda la noche. Paciencia premiada: verás cómo la crema se vuelve más densa y los sabores se integran.
  6. Justo antes de servir, espolvorea el cacao puro con el tamiz. Hazlo con generosidad hasta cubrir toda la superficie. Efecto terciopelo: el cacao debe verse seco; si lo pones antes del reposo, la humedad de la crema lo absorberá y quedará oscuro y húmedo.